SIÉNTATE EN EL QUICIO DE LA PUERTA

Ese es un refrán muy conocido “SIÉNTATE EN EL QUICIO DE TU PUERTA Y VERAS EL CADÁVER DE TU VECINO PASAR”. Yo procuro no sentir eso, el rencor y el odio no llevan a ningún sitio. Pero me asusta el que últimamente esté pensando en esas personas que me hicieron daño en diferentes épocas de mi vida.

Yo siempre me he entregado mucho, cuando he tenido amigos me he dado toda, sin protección ninguna, en el amor también, pero he tenido la suerte de seguir con el mismo, mi Paco del alma, desde hace 31 años, que ya me conoce cómo si fuera una parte anexa a él. 

El entregarme de esa manera a veces me ha hecho sufrir mucho. Cuando empecé a crecer y ser una jovencita, sufrí mucho, a esas edades, todo se magnifica y el no ser precisamente una chica bonita me llenó de complejos.

Cuando pasé al instituto, fue dura la transición, ya que venía de un colegio femenino e iba a un instituto mixto. Las burlas y los desprecios eran constantes. Una chica pelirroja y más blanca que la leche, no era lo que se llevaba y una, pues lo pasó mal. Con 14, 15 y 16 años, el mundo se te cae encima. Nunca pensé en hacer ninguna tontería, pero el complejo de inferioridad todavía me persigue. Por eso, cuando conocí a mi marido y me repetía constantemente lo guapa que era, no me lo creía.

Sin embargo seguí dándome y exponiéndome. Mi necesidad de ser aceptada, me hacía entregarme y los palos que me he llevado después han sido de aúpa. Gente que creía mis amigos, me han hecho el daño más grande que jamás pude imaginar. Incluso ya de adulta y casada he seguido así y he seguido cayendo porque no me protejo.

Y ahora, y no sé porqué, me descubro pensando en toda esa gente que me hizo daño y desearía saber que ha sido de sus vidas, si las cosas les han ido bien, me gustaría tener una varita para hacerles pasar por lo que yo pasé. E inmediatamente, me arrepiento de este sentimiento, yo no puedo sentir eso, cada uno en la vida tiene lo que se merece es mi lema, así que yo no tengo que desear nada, todo les vendrá cuando les tenga que venir, bueno o malo.

Es una contradicción, pero no quiero sentir eso de “SIÉNTATE EN EL QUICIO DE TU PUERTA Y VERAS EL CADÁVER DE TU VECINO PASAR”

Le pido a Dios, mi apoyo y consuelo en tantos momentos que me quite este pensamiento. No sé porque  me acuerdo tanto de esa gente si no tiene ningún sentido. De algunos, sé por otras personas, su trayectoria y de otros ni lo sé ni lo quiero saber, pero me sigue pareciendo extraño que aún me acuerde de todos ellos, de los de hace muchos años, y de los de hace pocos.

 ANA RIVAS

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16 pensamientos en “SIÉNTATE EN EL QUICIO DE LA PUERTA

  1. La pregunta sería ¿ Vale la pena que ” los recuerdes” ? Y la siguiente : ¿Valen la pena?…¿Malgastar tiempo en ” mala calidad”?…
    Lo importante es hoy, ahora y eres Ana Azul!
    Besos

  2. Ana, te comprendo….Todos tenemos malos recuerdos de personas que nos han hecho daño. Si pudiéramos borrarlos para siempre de nuestra mente sería estupendo….Cuando te vengan esos recuerdos acuérdate de las cosas bonitas que te decía tu marido ….De los amigos que te aplaudimos tus escritos en el Espacio y da gracias a Dios que superaste los complejos que te hicieron sufrir…¡¡Venga guapetona, ánimo!!…Un abrazo.

    http://www.isladesentimientos.es/

  3. Tenemos memoria y somos humanos, es humano guardar rencor al mal recibido, y normal reaccionar con malos deseos, pero no es lo mismo pensar que hacer el mal.
    Somos dueños de nuestros pensamientos, sólo debemos dejarlos ahí, en pensamientos.
    Un Fuerte Abrazo :) .

  4. Buenos dias. Real como la vida misma tu post. También puede ser porque el enemigo tiene otros enemigos y algunos más fuerte que él. Yo se que hay gente que puede hacer mucho daño en esta vida, llámese envidia. Si creo que hay gente mala que busca hacer el mal para salirse con la suya, pero lo que ignoran es que ese mal se les revierte en su contra con el tiempo. Todo en esta vida se paga, solo hay que tener la paciencia necesaria para que puedas ver el pago que ésta le dá a los que hacen daño. Sigamos con nuestra vida como si nunca hubiéran existido esos dos tristes personajes. Aparecerá quien sepa respetar y valorar como merecemos. Buen fin de semana.
    Besos

  5. Cuando te hacen mucho daño nunca se olvida, pero piensa que lo único que se demuestra despreciando a alguien por su aspecto, color o raza, no es más que muy poca calidad humana, y ni tan siquiera merecen tu recuerdo.
    Un abrazo y feliz fin de semana.

  6. Estimada Ana; gracias por pasar por mi blog y por la promesa de nuevas visitas. Ahora ha sido mi turno y retribuyo la promesa. Lo bueno de esto es que uno va conociendo gente que, muy probablemente, no pueda conocer en la vida real (las afinidades no siempre son fáciles de encontrar; además soy un convencido de que la gente, en general, miente; en tanto que aquí se permiten ser más sinceras).
    En cuanto a la querida Latidos, bueno; creo que –al menos en lo que a mí respecta– puedo hablar de amistad. hemos creado un lazo fuerte y honesto partiendo del punto de que ambos hemos pasado por momentos difíciles en estos últimos tiempos (los míos aun no han acabado, pero el temporal ya ha disminuido su potencia) y eso hizo que nos brindáramos apoyo desinteresado y, por ello mismo, sumamente valioso.
    Un placer conocerte (yo también te conocí en lo de Latidos, en el post de los abrazos) y espero que sigamos en contacto.

  7. Cuando algún acontecimiento o persona te produzca dolor,enfado,tristeza,decepción;es muy normal, que esos sufrimientos empañen durante un tiempo tu presente,pero…se debe procurar aprender de los errores…tratar de tomar otros caminos diferentes,que te conduzcan a senderos con mas luz, enterrar esos recuerdos que no son edificantes .Existe una frase muy buena que siempre tengo en cuenta”.Lo que no enriquece empobrece”.Besos y feliz día.Elssa Ana

  8. Al leer la entrada me queda una curiosidad, la frase esa tan de madres “me estás sacando de quicio”, ¿tiene algo que ver con el quicio de la puerta?.

    Dicen que desear mal a quien nos hizo sufrir no lleva a nada, qué va, si lleva, lleva al menos a que sienta lo que pasa al otro lado, para que quizá deje de hacer la puñeta a otra gente.

    Besos.

  9. Una entrada preciosa, amiga, escrita con mucha dignidad y mucha valentía. Creo que son sentimientos muy comunes. O yo, al menos, me he sentido muchas veces así. Días, en que no cuadraba en donde me encontrara. Días, en me consideraba una especie descatalogada o fuera de circulación. Y días, porque llegan esos días, en que un rencor acumulado me hacía sentarme en ese quicio de la puerta… a esperar no sabía bien lo qué.
    Todavía hoy, a ratos, me pregunto también qué habrá sido de esos “enemigos”. Si la vida les fué tan bien como aparentaban o si, quizás, quizás… les ha tocado ya probar de su propia medicina de sufrimientos.
    Porque todos, tarde o temprano, la probamos. O a los quince o a los cuarenta.
    Y ese regustillo amargo que nos dejó, nunca se olvida. Por muy buenas personas que creamos ser.
    Un beso, cielo.

  10. Hola preciosa:
    El famoso refrán que citas nunca lo interpreté de esa manera. Yo lo digo mucho y siempre lo he interpretado como que no necesitas hacer mal al que te lo hizo, no necesitas hacer nada ni desear nada, porque simplemente con esperar a que pase el tiempo, la vida se encarga de darle lo que se merece.
    Tus sentiminetos son totalmente normales, todos los tenemos y el que vaya por la vida de bueno, buenísimo es sospechoso, creeme.
    Besazo

  11. ¿Sabes lo que escribió una vez Oscar Wilde, que ya sabes que era un cínico de tomo y lomo? “Perdona siempre a tus enemigos: no hay nada que les enfurezca más”. ¿No te parece genial?

    Es cierto lo que dices, que a veces, de modo inopinado te sorprendes pensando qué habrá sido de fulanito, de menganita o de zutanito, que te las hicieron pasar canutas, te putearon, te traicionaron, o sencillamente no supieron estar a la altura de lo que esperabas de ellos. No tiene nada de malo, como dices tú porque no les deseas ningún mal, sino ese interés morboso de saber si la vida les habrá devuelto cuando ellos sembraron… ¿Sabes cómo se cura? Cuando te encuentras a alguien en una situación realmente mala, viviendo en la calle o gravemente enfermo: terminas por darte cuenta de que tú eres una buena persona que, a pesar de cuanto te hizo, le perdonaste en su momento, y ahora le compadeces y hasta le puedes prestar ayuda…

    Un abrazo, Ana, que esta entrada tiene más enjundia de la que parece.

Me gustaría saber lo que piensas. Pero si no quieres decírmelo, no pasa nada.

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