LA CIEGA (Autor: GABRIEL Y GALÁN)

 
Los ojazos mas llenos de amores,
eran los de Rosa,
que irradiaban envueltos en fugaces,
honda sed de vivir querenciosa.
Yo no sé de las dos cuál sería,
pena mas doliente,
porque Rosa quedó ciega un día
la dejó de querer su Vicente.
No fué objeto el galán que olvida
de extraños enojos,
porque el mundo entendió que adoraba
la negrura y la luz de unos ojos.
Y los soles que el viera tan francos
al amor abiertos
se quedaron inertes y blancos
como siempre se quedan los muertos.
Al rincón de lo inútil, descansa
sentóse la ciega
a esperar una muerte que pasa
si el dolor con la vida le ruega,
que en dejarse complacer sangrando
y a medias su obra
el consuelo mejor, alejando
del rincón dónde está lo que sobra.
Y en lugar de la muerte entró un día
una voz humana
que en la calle de Rosa decía:
“Pues Vicente se casa con Juana”.
La ciega sintió mas intensa
la triste negrura
porque no hay nube mas negra y densa
que una nube de negra amargura.
 
!Hermanito! !Clemente, Clemente!
¿Que quieres hermana?
Yo te juro que adoro a Vicente
Y que no quiero mal a Juana.
!Que me creas!Que si que te creo…
mas deja esas cosas…
Yo te juro que no es mi deseo
recrearme en venganzas odiosas.
!Que me creas Clemente! Si, Rosa
si sé que eres buena
pero no quiero yo que te aflija
semejante recuerdo de pena.
No es venganza,más óyeme hermano
¿Que quieres hermana?
Ven más cerca, más cerca… (y le dijo):
“Que le saques los ojos a Juana”.
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