SIÉNTATE EN EL QUICIO DE LA PUERTA

Ese es un refrán muy conocido “SIÉNTATE EN EL QUICIO DE TU PUERTA Y VERÁS EL CADAVER DE TU VECINO PASAR”. Yo procuro no sentir eso, el rencor y el odio no llevan a ningún sitio. Pero me asusta el que últimamente esté pensando en esas personas que me hicieron daño en diferentes épocas de mi vida.
Yo siempre me he entregado mucho, cuando he tenido amigos me he dado toda, sin protección ninguna, en el amor también, pero he tenido la suerte de seguir con el mismo, mi Paco del alma, desde hace 25 años, que ya me conoce cómo si fuera una parte anexa a él. El entregarme de esa manera a veces me ha hecho sufrir mucho. Cuando empecé a crecer y ser una jovencita, sufrí mucho, a esas edades, todo se magnifica y el no ser precisamente una chica bonita me llenó de complejos.
Cuando pasé al instituto, fue dura la transición, ya que venía de un colegio femenino e iba a un instituto mixto. Las burlas y los desprecios eran constantes. Una chica pelirroja y más blanca que la leche, no era lo que se llevaba y una, pues lo pasó mal. Con 14, 15 y 16 años, el mundo se te cae encima, Nunca pensé en hacer ninguna tontería, pero el complejo de inferioridad todavía me persigue. Por eso, cuando conocí a mi marido y me repetía constantemente lo guapa que era, no me lo creía. Sin embargo seguí dándome y exponiéndome. Mi necesidad de ser aceptada, me hacía entregarme y los palos que me he llevado después han sido de aúpa. Gente que creía mis amigos, me han hecho el daño más grande que jamás pude imaginar. Incluso ya de adulta y casada he seguido así y he seguido cayendo porque no me protejo.
Y ahora, y no sé porqué, me descubro pensando en toda esa gente que me hizo daño y desearía saber que ha sido de sus vidas, si las cosas les han ido bien, me gustaría tener una varita para hacerles pasar por lo que yo pasé. E inmediatamente, me arrepiento de este sentimiento, yo no puedo sentir eso, cada uno en la vida tiene lo que se merece es mi lema, así que yo no tengo que desear nada, todo les vendrá cuando les tenga que venir, bueno o malo.
Es una contradicción, pero no quiero sentir eso de “SIÉNTATE EN EL QUICIO DE TU PUERTA Y VERÁS EL CADAVER DE TU VECINO PASAR”
Le pido a Dios, mi apoyo y consuelo en tantos momentos que me quite este pensamiento. No sé porque me acuerdo tanto de esa gente si no tiene ningún sentido. De algunos, sé por otras personas, su trayectoria y de otros ni lo sé ni lo quiero saber, pero me sigue pareciendo extraño que aún me acuerde de todos ellos, de los de hace muchos años, y de los de hace pocos.
ANA RIVAS
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