EL SUEÑO

Adela llevaba durmiendo mal varios días. Se despertaba sudando y temblando, con taquicardias y ese sentimiento de terror. Nunca recordaba lo que soñaba pero debía ser algo horrible para pasarlo tan mal.

Por las mañanas se encontraba fatal, con los ojos hinchados y cansancio acumulado. Procuraba no acordarse durante el día y el trabajo la servía para distraerse, pero cuando llegaba el momento de dormir empezaba a sentirse intranquila y nerviosa, era como si algo la apretara por dentro.

Su novio, Israel, al que había conocido hace seis meses procuraba tranquilizarla.

“No debes preocuparte, sólo es un sueño y no va a pasarte nada”, la decía.

Pero ella no estaba a gusto y cada vez lo pasaba peor. Llegó incluso a sentir miedo de vivir sola. Todos los días después del trabajo, quedaba con Israel y se iban a casa de él, cenaban y después tomaban un té, a veces veían una peli y casi siempre acababan haciendo el amor. Israel la insistía que se quedara a vivir con él, que era una tontería irse a esas horas a su casa, pero ella quería preservar su intimidad y prefería que cada uno continuase en su piso.

Pero llegado a este punto, ya no sabía que era lo mejor, sentía miedo, y pensó que Israel tenía razón y que sería mejor que se trasladara a su piso. Adela había intentado que fuese al revés pero su novio la había convencido que el que ella se fuera a vivir a su casa sería mas fácil, ya que pagaba menos de alquiler y ella tenía menos cosas que llevarse.

Como los sueños continuaban y eso no era vida, decidieron hacer el traslado un fin de semana. Pronto acabaron y esa noche Adela durmió mucho mejor. A medida que pasaban los días se iba encontraba bien, empezaba a relajarse y la tensión había desaparecido. Quizás el encontrarse acompañada era lo que necesitaba.

Israel la llamaba por teléfono al trabajo y la preguntaba como se encontraba. Esa mañana después de hablar con Adela sonrió para sí. Le había costado convencerla de que se fuera a vivir con él, y sólo había encontrado la manera echándole todas las noches en el té, esos polvillos que compró a un santero.

Sólo quería que durmiera mal y empezara a sentir miedo de vivir sola y aunque el tema casi se le va de las manos, al fin lo había conseguido. Todavía le sobraba un poco del brebaje y decidió guardarlo, ya que no sabía si lo iba a volver a necesitar.

 ANA RIVAS

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4 pensamientos en “EL SUEÑO

  1. Ana es la envidia que te corroe,je,je,je….
    Ya sé que se repitió la entrada ¿Y qué?me daba error.Una no es perfecta.Tú dame hueco que yo ya voy pá t ucasa.Parezco la tonta del bote.Visitando a todo dios y a mí nadie.joerr

  2. Los tiempos cambiaron.Antiguamente era la mujer la que ofrecía el té y “en su casa”.Los males no siempre vienen solos!!!
    Sigue escribiendo Ana, tienes mucha imaginación y sabes cómo expresarla.
    Besitos:María Luisa

  3. ¡Ostras, que final más sorprendente, Ana! Al final, por no tener pesadillas, se mete en la boca del lobo.
    ¡Sabe dios de qué más será capaz el energúmeno!
    Me recuerda una peli que vi, porque se titulaba “Durmiendo con su enemigo”.
    Muchos besitos 🙂

Me gustaría saber lo que piensas. Pero si no quieres decírmelo, no pasa nada.

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