LA CITA

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Andrea, siempre se preocupaba de su trabajo, sus quehaceres, sus responsabilidades. Eso la obligó sin darse cuenta a olvidarse de ella misma.

Ya no recordaba cual era la última vez que tuvo una cita, porque desde el momento en que sufrió por amor, decidió que ya no iba a abrir más su corazón. Así que su mundo eran las reuniones, las comidas de empresa y las llamadas con los consejeros.

Su amiga Cristina, llevaba tiempo buscándole pretendientes, pero a Andrea ninguno le gustaba, que si uno era demasiado alto, que si otro demasiado estúpido, que si el rubio muy creído… El caso es que ninguno le venía bien.

Después de mucho tiempo, accedió a una última cita, la definitiva decía ella. Cristina no perdía la esperanza y estaba convencida de que esta vez a Andrea le gustaría su acompañante. Era un hombre apuesto, directivo de una empresa de telecomunicaciones, ideal para Andrea que también era una profesional del sector, acostumbrada a viajar y a tratar de asuntos importantes en restaurantes de lujo.

Jaime, tuvo un gran amor hace mucho tiempo, pero las ansias de poder y el preocuparse sólo de su vida profesional, le hizo perder a esa mujer que le dio tantas satisfacciones, y con la que tenía que reconocer, había sido feliz.

Cuando la dijo que la dejaba, contempló como las lágrimas inundaban la cara de ella y después de tanto tiempo, se preguntaba a menudo que habría sido de esa chica, y que estaría haciendo en ese mismo momento en el que él, se ajustaba la corbata, para asistir a la cena que le había preparado Cristina. Le había hablado de aquella mujer soltera y sólo preocupada de su trabajo, que también había tenido un amor de juventud.

Andrea estaba nerviosa y no sabía porqué y eso que ya había tenido varias citas con otros hombres pero esta vez, no sabía porqué, estaba como un flan.

Cuando esperaba sentada en la mesa del restaurante a que llegara su acompañante, empezó a acordarse de aquel novio que la dejó por promocionarse en su trabajo, donde empezaba a despuntar. Siempre creyó que ella le molestaba en sus ansias de poder. Por eso se volcó en ser una gran profesional y no quería dejarse llevar por el amor.

Pero ahora había decidido que ya era hora de entregarse, y que no podía estar toda la vida huyendo de si misma. Esa cita tenía que ser la definitiva, y olvidaría su fracaso.

Cuando oyó su nombre y se volvió no lo podía creer. Allí estaba Jaime, su amor de juventud, de pie, tan guapo como siempre.

Jaime también se sorprendió y pensó que el destino existía.

Ambos, que habían recordado durante tanto tiempo lo que habían perdido, estaban de nuevo allí gracias a Cristina, y esta vez estaban convencidos de que no iban a volver a cometer el mismo error.

Se miraron, se saludaron y a partir de ese momento la vida les dio una nueva oportunidad.

Y todo gracias a la cita que les había arreglado su gran amiga.

 ANA

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6 pensamientos en “LA CITA

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