EL ABUELO GERMÁN

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El abuelo Germán vivía sólo en un pueblo costero. Todo el mundo le conocía y nunca le recordaron ninguna mujer a su lado. Las vecinas estaban más o menos pendientes de él, ya que tenía ochenta años y se preocupaban por su salud, pero el abuelo Germán, como todos le llamaban, no quería molestar a nadie y se las iba apañando. Desde hacía un año, le contaba a todo el que le quería escuchar, que por las tardes, cuando se acercaba a las rocas después del paseo, siempre se encontraba en el acantilado un tritón que le contaba su vida y la de sus hermanas las sirenas. Eran tales las maravillas que le narraba, que el abuelo Germán, les decía a sus vecinos en el bar del pueblo, después de tomarse unos chatos, que el día menos pensado se iría a vivir con ellos y su padre el Rey Neptuno. Los lugareños se reían y pensaban que la vejez y el vino estaban empezando a hacer estragos en Germán y se lo hacían repetir una y otra vez riéndose de él. Jorge, un  muchacho joven, si le creía y le seguía todas las tardes, viendo como el abuelo Germán, hablaba sentado en la roca, con las olas. Un día, el chico le dijo que se lo contara todo otra vez. ¿Tú también te quieres reír de mí? -No, respondió Jorge,- yo te creo. Entonces el abuelo Germán, una tarde le dijo: Mañana me iré definitivamente, he dejado una nota en mi casa diciendo como quiero repartir lo poco que tengo. Encárgate de todo. Al día siguiente, Jorge siguió al viejo pensando que el abuelo Germán no le veía, pero cuando éste llego a las rocas se volvió y le dijo: Ven todas las tardes que el tritón vendrá a visitarte. Y entonces el abuelo Germán saltó sin que pudiera detenerle. Todos en el pueblo pensaron que la locura ayudó al abuelo Germán a suicidarse pero Jorge seguía yendo a las rocas por las tardes para ver al tritón. Después de cinco años, todavía no había aparecido, pero es que a lo mejor él debía ser mas mayor. Además el cuerpo del abuelo Germán tampoco se encontró y Jorge se le imaginaba jugando al ajedrez, al caer el día, con el rey Neptuno.    ANA RIVAS

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LA VIDA Y EL CINE

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Después de desear unas VACACACIONES EN ROMA, pero pasarlas en el pueblo (posiblemente por falta de presupuesto), hay que VOLVER  a la vida diaria y ser de nuevo UN MATRIMONIO CON HIJOS y comprobar que LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ, fueron unos días de descanso que volverán el año que viene.

Sentimos otra vez LA SOGA de la cotidianidad y aceptamos que no somos una  PRETTY WOMAN, sino una mujer de carne y hueso.

Nos damos cuenta, que todo no es tan malo, ni tan bueno y que la vida en pareja puede ser, si una se esfuerza, un LOVE STORY o UN PASEO POR LAS NUBES, aunque a veces parezca un TERREMOTO.

A veces pensamos, QUE HE HECHO YO PARA MERECER ESTO, pero luego recapacitamos y comprendemos que no sólo con ir pagando EL PISITO basta, que lo verdaderamente importante es que todos en casa estemos bien.

Que lo que vale de verdad es la familia, y que aunque creamos que sufrimos EL AMOR EN TIEMPOS DE CÓLERA, no todo es negro siempre.

Nos damos cuenta que SOLAMENTE SE VIVE UNA VEZ y que no merece la pena preocuparse de si la REBECA, pega con el pantalón.

Que a veces hacemos equilibrios en LA DELGADA LÍNEA ROJA, pero luego todo tiene solución.

En ocasiones quisiéramos que nuestra vida fuera un cuento como LAS CRÓNICAS DE NARNIA, pero luego comprendemos y hasta deseamos que la realidad supere a la ficción.

Por eso NUNCA DIGAS, NUNCA JAMÁS, porque te arrepentirás. Al finalizar el día y pase lo que pase, seguro que pensamos que lo que tenemos es MEJOR IMPOSIBLE, y nos olvidaremos de LAS AMISTADES PELIGROSAS, y sólo nos ocuparemos de las buenas, y disfrutaremos de LO QUE QUEDA DEL DÍA-

LOS OTROS, los malos que se queden en su rincón. No consentiremos que conviertan nuestra vida en un JUEGO PELIGROSO.

Aunque a veces creamos que estamos SOLAS EN LA OSCURIDAD, descubrimos que después de todo LA VIDA ES BELLA-

 

THE END ¿O NO?

 

LA PRINCESA CASADERA

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Erase una vez un reino dónde vivían un rey, una reina y su hija. Un día el rey le dijo a la reina: -Ya es hora de que nuestra hija Rosamunda se case, tiene la edad para ello y la única manera que se me ocurre de que encuentre marido es citar a todos los caballeros del reino, para que ganen su mano en un combate real.

Y así se hizo, se convocó a todos los caballeros para que acudieran a ganarse el amor de Rosamunda, pero en el otro lado del reino, en la isla de las calaveras vivía el pirata Patapalo, que se había sentido ofendido porque a él no le habían invitado.

-Esto es una ofensa- dijo a sus malvados compañeros. Mañana , dos de vosotros iréis al reino a raptar a la princesa y me la traéis aquí mismo, y hasta que no consienta en casarse conmigo no la dejaré marchar.

Y así lo hicieron.

Los dos piratas mas fuertes viajaron por la noche en su barca y entraron en el castillo por la ventana de los aposentos de Rosamunda y tapándola la boca y poniéndola un saco por encima de la cabeza se la llevaron de allí. Ella pataleaba e intentaba huir pero no podía, porque ellos eran mucho mas fuertes.

Cuando a la mañana siguiente los reyes se enteraron por las criadas de que la princesa había sido raptada, decidieron que la manera de ganar su mano, ya no sería en combate sino que la conseguiría, el caballero que fuera a la isla de las calaveras y la trajera de nuevo al castillo.

A punto estaba el rey de citar a los caballeros, cuando se presentó ante él, el bufón del reino, el amable  Pantuflo.

-¿Que quieres ahora? ¿No ves que estoy intentando traer a mi hija de nuevo?

-A eso vengo, mi señor- dijo Pantuflo-. Yo me ofrezco a traerla. Conozco la manera de llegar a la isla sin que Patapalo ni sus hombres se den cuenta.

-¿Ah si?- ¿Y que pides a cambio si consigues traer a Rosamunda?

-Su mano, señor

-Ni lo sueñes, tu no eres digno…- pero entonces habló la reina.

Esposo, no seas tan estricto, si Pantuflo es capaz de traerla, concédele lo que pide, hazme caso que sé lo que digo.

Ambos se miraron, y el rey le dió entonces el visto bueno.

Mientras tanto Rosamunda había sido encerrada en una cueva mazmorra , por los piratas, y la estaban quitándo el saco y la mordaza, y en ese momento, se arrepintieron de lo que habían hecho, porque Rosamunda empezó a hablar.

¿Pero que es ésto? ¿Dónde me habéis traido? ¿es este sitio para una princesa? Necesito mis vestidos, y un espejo, y ya que me habéis raptado, podíais haber traido a una de mis criadas, porque a ver quién me va a peinar. Mis sedosos cabellos no los toca nadie mas que ella, y además esto no es una cama en condiciones, ¿Dónde pensáis que me coy a acostar? Y este lugar tan oscuro, sin una ventana, yo necesito luz, y mis zapatos, valientes raptores sois vosotros que  no habéis planeado todo ésto ¿Y que voy a comer, ? Porque yo no como cualquier cosa…

Y así siguió y siguió hasta que Patapalo dijo:

-Tapadle la boca otra vez, que no la soporto. Con razón sus padres la querían casar, ¡que cansancio de mujer.!

-Señor Patapalo,-dijo uno de los piratas- viene una barcaza con el bufón del reino, creo que viene a salvar a la princesa.

-Dejadle el camino libre y que piense que no le vemos, ¡que se la lleve de una vez, no la soporto!

¿Me está oyendo alguien?, decía la princesa, quiero agua, y un poco de perfume, que aquí huele muy mal… etc etc.

Pantuflo consiguió llegar a la isla por la parte de atrás de la montaña y ya estaba en la playa. Le sorprendió que hubiera sido tan fácil pero pronto llegó a la cueva, no vio piratas en el camino y encontró facilmente a Rosamunda porque se guió por su voz.

-Que manera de hablar tiene esta mujer, no para- pensó, pero aún así la liberó, porque estaba abierta la puerta.

-¿Pantuflo que haces aquí? ¿a que has venido?

-A salvarla Rosamunda. Y ahora callése que nos van a oir.

Pero ella no paraba, que si el campo estaba mal, que si le habían picado los bichos, que hacía mucho calor…

Llegaron a la barca y Pantuflo empezó a remar hacia el castillo.

_¿Cómo se te ha ocurrido venir a tí? ¿ No había nadie mas apuesto y valiente que tú? Cuando lleguemos, hablaré con mi madre, esto no se puede consentir, tratar así a una princesa,¿que se habrán creido?

Dos horas de reloj tardaron en llegar y dos horas que no paró de hablar. Pantuflo estaba ya hartito, no podía más.

Cuando llegaron a la playa la agarró del brazo y la llevó arrastras a ver a sus padres.

-¿Pero que haces? ¿No tires de mí así? ¿Me escuchas?

En la puerta del castillo estaban los reyes esperando. Le dieron abrazos, la besaron y comprobaron que estaba bien.

-Pantuflo, ya está todo preparado- dijo el rey- en cuanto Rosamunda se acicale y se cambie de ropa os casaréis, el obispo está esperando.

.¿Yo con éste? ¿Pero padre que dices? ¿sabes como me han tratado?, y seguía y seguía hablando sin parar.

-No mi señor, lo siento mucho- contestó el bufón- quédense con su hija que yo me largo. No hay quién la aguante, ahora me doy cuenta de que Patapalo y sus secuaces me han dejado via libre para que me la pueda llevar, es horrible, ¡que pesadez!

-¿Te atreves a rechazar a mi hija?

-¿Que si me atrevo? Para usted toda que yo me voy.

Y allí se quedaron los reyes con Rosamunda, que no paraba de decirles lo mal que la habían tratado, y ambos se miraron con pesar, pensando que nunca conseguirían casarla con alguien razonablemente cuerdo.

ANA RIVAS

CORAJE

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 Fue un día de primavera. Te enteraste y lo primero que sentiste fue miedo, a lo desconocido, en como afrontarías lo que se te venia encima, y en como lo afrontaría él.

Quedasteis, como todos los días en el parque, te lo noto en la cara, y se lo dijiste. “Estoy embarazada”.

Lo que ocurrió después casi lo recuerdas como una nebulosa. Llego a dudar de que fuera el padre, a pesar de que sabía que sólo habías estado con él. Y luego, los demás pretextos, que si era muy joven, que con 18 años no estaba preparado para ser padre, y mucho menos de estar seguro de serlo. Eso fue lo que mas te dolió. ¿Cómo pudo dudar ni un instante?
¿Y tú? ¿Acaso tú estabas preparada? Tenías 17 años, y eras todavía una cría. Aun estabas estudiando.

Pero lo que se te quedó clavado como un puñal es cuando te propuso abortar. “Es nuestro hijo”, le dijiste. Y contestó. “Pues tú verás lo que haces, pero yo no quiero saber nada”. Como si no hubiera puesto parte en ello.

Sólo se te ocurrió llamarle una cosa ;”Cobarde”. Y te diste la vuelta, para no verle más.

Luego llegaste a tu casa, el pensar como se lo dirías a tus padres, y aunque al principio hubo disgustos y lloros, no te faltó su apoyo y su ayuda,.

Y a partir de ese momento, le echaste CORAJE, por estar sola, sin pareja. Por tener que dejar de estudiar, por empezar a luchar, pero supiste que ese niño que se formaba dentro de ti ya era parte de tu ser, y que nunca le dejarías sólo.

Y ahora, justo el último día del año, estás de parto, y parece que no va a salir nunca, pero salió. Y en el mismo instante en que os mirasteis a los ojos, pensaste en como podía haber alguien en el mundo que quisiera deshacerse de algo sí, era tu hijo, carne de tu carne y le ibas a echar CORAJE, para que nunca tuviera que sentirse defraudado de su madre.

De él nunca mas supiste nada, pero fue el que más perdió. El no ver nunca mas a su hijo sería su castigo aunque de momento no lo sintiera así.

Ya nada sería igual, pero sentías tanto amor, que era como si nada ni nadie jamás pudiera ya contigo. Era tu hijo, y tú su madre, y siempre estaríais juntos.

 ANA

LA CITA

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Andrea, siempre se preocupaba de su trabajo, sus quehaceres, sus responsabilidades. Eso la obligó sin darse cuenta a olvidarse de ella misma.

Ya no recordaba cual era la última vez que tuvo una cita, porque desde el momento en que sufrió por amor, decidió que ya no iba a abrir más su corazón. Así que su mundo eran las reuniones, las comidas de empresa y las llamadas con los consejeros.

Su amiga Cristina, llevaba tiempo buscándole pretendientes, pero a Andrea ninguno le gustaba, que si uno era demasiado alto, que si otro demasiado estúpido, que si el rubio muy creído… El caso es que ninguno le venía bien.

Después de mucho tiempo, accedió a una última cita, la definitiva decía ella. Cristina no perdía la esperanza y estaba convencida de que esta vez a Andrea le gustaría su acompañante. Era un hombre apuesto, directivo de una empresa de telecomunicaciones, ideal para Andrea que también era una profesional del sector, acostumbrada a viajar y a tratar de asuntos importantes en restaurantes de lujo.

Jaime, tuvo un gran amor hace mucho tiempo, pero las ansias de poder y el preocuparse sólo de su vida profesional, le hizo perder a esa mujer que le dio tantas satisfacciones, y con la que tenía que reconocer, había sido feliz.

Cuando la dijo que la dejaba, contempló como las lágrimas inundaban la cara de ella y después de tanto tiempo, se preguntaba a menudo que habría sido de esa chica, y que estaría haciendo en ese mismo momento en el que él, se ajustaba la corbata, para asistir a la cena que le había preparado Cristina. Le había hablado de aquella mujer soltera y sólo preocupada de su trabajo, que también había tenido un amor de juventud.

Andrea estaba nerviosa y no sabía porqué y eso que ya había tenido varias citas con otros hombres pero esta vez, no sabía porqué, estaba como un flan.

Cuando esperaba sentada en la mesa del restaurante a que llegara su acompañante, empezó a acordarse de aquel novio que la dejó por promocionarse en su trabajo, donde empezaba a despuntar. Siempre creyó que ella le molestaba en sus ansias de poder. Por eso se volcó en ser una gran profesional y no quería dejarse llevar por el amor.

Pero ahora había decidido que ya era hora de entregarse, y que no podía estar toda la vida huyendo de si misma. Esa cita tenía que ser la definitiva, y olvidaría su fracaso.

Cuando oyó su nombre y se volvió no lo podía creer. Allí estaba Jaime, su amor de juventud, de pie, tan guapo como siempre.

Jaime también se sorprendió y pensó que el destino existía.

Ambos, que habían recordado durante tanto tiempo lo que habían perdido, estaban de nuevo allí gracias a Cristina, y esta vez estaban convencidos de que no iban a volver a cometer el mismo error.

Se miraron, se saludaron y a partir de ese momento la vida les dio una nueva oportunidad.

Y todo gracias a la cita que les había arreglado su gran amiga.

 ANA

SI FALTARAS

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Si faltaras sería sólo una sombra, un suspiro sin nombre ni apellido.

Si te ocultaras, mi existencia sería humo, nada parecería verdadero.

Si no estuvieras, todo mi yo, pasaría a ser un recuerdo, un sentimiento oscuro sin presente ni pasado, sin ni siquiera futuro.

Que sería de mí, si me faltaras, si no respiraras a mi lado, si no sintiera tus manos, si tu presencia fuese solo algo que pasó.

Yo no sería nadie, no sería nada, me encontraría perdida en un mar oscuro y tenebroso. No podría ni respirar.

Han pasado 30 años y aún sigo sintiendo lo mismo, y a pesar de las discusiones, y los momentos difíciles, pesan más los días buenos, el estar uno con el otro, ese hijo que Dios nos mandó, toda una vida juntos.

Si faltaras, faltaría yo también, sólo sería un espectro, y eso no lo quiero… ¡que le vamos a hacer! soy una egoísta.

ANA

A VECES

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A veces me sorprendo mirándote, me encanta perderme entre tus pliegues,

me imagino paseando por tu ombligo, por los montes de tu abdomen, buscando abrigo.

Si respiras, empieza una brisa y yo me quedo acurrucada sintiendo tu aliento.

Me siento protegida si me encuentro con tu cuello, y entonces procuro llegar pronto al hoyuelo de tu barbilla.

Me acerco a tus labios, y paseo por ellos, los acaricio pero no me sientes, porque… ¡soy tan pequeña…!.

Luego me voy a tus ojos, son espejos de tu alma y entonces te miro para perderme en ellos.

Me introduzco en el bosque de tu pelo que huele a pino, y me quedo tumbada un rato.

Luego bajo por tu nuca y doy la vuelta porque oigo tu corazón y me quedo a escuchar.

Me agacho y el sonido acompasado de tus latidos me ayuda a dormir.

Sueño que estoy en tu pecho, que busco tu espalda y juego como una niña en un tobogán.

Me aprieto contra ti y abro los ojos, y estoy a tu lado meciéndome en tus brazos y entonces no quiero que ese momento acabe.

A veces me sorprendo mirándote y no quisiera dejar de hacerlo nunca.

 

 ANA